miércoles, 22 de septiembre de 2010

Aida

AIDA
LIBRETO
AQUÍ se puede encontrar el texto italiano con traducción al español.

SINOPSIS ARGUMENTAL
Ópera en cuatro actos con libreto de Antonio Ghislanzoni, a partir de una idea del egiptólogo francés Auguste Mariette, desarrollada por Camile Du Locle y Giuseppe Verdi. Estrenada en el Teatro de la Ópera de El Cairo el 24 de diciembre de 1871, con dirección de Giovanni Bottesini

La acción transcurre en Egipto, en las ciudades de Menfis y Tebas, durante la época de esplendor de los faraones (Mariette pensaba preferentemente en Ramses III, uno de los últimos reyes del Imperio Nuevo, perteneciente a la XX dinastía, que gobernó entre 1198 y 1166 a. de C.).

ACTO I- Cuadro 1º: En una sala del palacio real de Menfis, Ramfis conversa con Radamés sobre la amenaza que supone para el imperio una posible sublevación de los etíopes. Ya ha consultado a la diosa Isis, tiene decidido el nombre de quien va a ser el comandante en jefe de los ejércitos que se enfrentarán al invasor y va a comunicárselo al faraón. Radamés anhela ese puesto: sueña con una victoria que le podría traer no sólo la gloria sino también la mano de su amada Aida.

Durante su monólogo, llega Amneris- que está enamorada apasionadamente de él- y se detiene a escuchar para después preguntarle por la causa de la expresión soñadora que exhibe su rostro. Ella sigue interrogándole insinuante y ansiosa, pues sospecha que existe una posible rival. Al llegar tímidamente Aida y ver la turbación que esto provoca en Radamés, la princesa considera que su esclava preferida puede ser su oponente sentimental.

Reunida la corte, un mensajero da la noticia de que los etíopes, al frente de su rey Amonasro, han entrado en el territorio y, camino de Tebas, destruyen todo a su paso. El faraón declara la guerra, nombrando como comandante supremo a Radamés, según lo ha inspirado la diosa Isis. Amneris, muy orgullosa, le entrega la insignia de Egipto y todos le desean una gran victoria.

Aida se debate en un fuerte conflicto: quiere el triunfo de Radamés pero esto supondría el aniquilamiento de su padre Amonasro y de su pueblo etíope. Atormentada por esta situación, ruega a los dioses que le concedan la muerte.

ACTO I- Cuadro 2º: En el templo de Vulcano, se escuchan los cantos internos de las sacerdotisas que invocan al dios Fthà. Ramfis y los sacerdotes, que están delante del altar ceremonial, se unen también a esa invocación. Tiene lugar entonces la consagración de las armas con una danza sagrada de las sacerdotisas. Radamés entra en el templo y Ramfis y los sacerdotes le confían la consagrada espada, invistiéndole con las insignias de general. Todos imploran la protección divina para el sacro suelo de Egipto ante el inmediato combate.

ACTO II- Cuadro 1º: Amneris es agasajada y embellecida por las esclavas en sus apartamentos privados de palacio. Piensa en el reencuentro con su amado, que ha derrotado a los etíopes y está a punto de llegar a las puertas de Tebas. Cuando Aida aparece, la princesa prepara una estrategia para averiguar cuales son los verdaderos vínculos de su esclava con Radamés: observa como reacciona cuando le miente diciendo que el guerrero, aunque vencedor en la batalla, ha resultado muerto. Aida no puede disimular su aflicción. Se delata aún más cuando escucha que sigue vivo. Llega incluso a reconocer que las dos mujeres son competidoras en el amor de Radamés. La princesa egipcia le anuncia entonces que, al poder decidir sobre su destino, una esclava no es rival para ella. Aida está a punto de revelar sus orígenes nobles, pero acaba cayendo a los pies de la hija del faraón pidiendo piedad. Amneris se marcha airada a recibir a las tropas, mientras la infeliz Aida, una vez más, solicita la muerte a los dioses.

ACTO II- Cuadro 2º: En una de las puertas de la ciudad de Tebas, al lado del templo de Amón, se hace un brillante recibimiento a Radamés y a las victoriosas tropas. Tras el desfile, las danzas y la exhibición del botín logrado, el aguerrido héroe obtiene, de manos de Amneris, la corona del triunfo. El faraón promete concederle lo que quiera, pero el general vencedor, antes de formular un deseo, hace entrar a los prisioneros.

Entre ellos se halla Amonasro que abraza a su hija Aida, indicándole que oculte su verdadera identidad real. Asegura falsamente que el rey de los etíopes ha caído muerto en combate y pide clemencia para su pueblo. Los sacerdotes, encabezados por Ramfis, exigen en cambio que no haya piedad. El pueblo y Aida unen sus voces a la plegaria de Amonasro.

Finalmente es Radamés quien interviene a favor de los cautivos: como premio a la victoria que ha obtenido, pide que los dejen libres. Ramfis advierte del peligro que ello supone, pero Radamés argumenta que, muerto su caudillo, no tienen ya ninguna esperanza de poderse volver a sublevar. Ramfis propone entonces que Aida y su padre, en prenda de paz, queden como rehenes entre los egipcios. El Rey, admirado ante la clemencia de Radamés, le concede la mano de Amneris. El pueblo entona alabanzas a Egipto y a su protectora Isis. La princesa está radiante de satisfacción, Aida y Radamés se desesperan porque su amor se ha convertido en imposible y Amonasro empieza a planear su venganza.

ACTO III: En las riberas del Nilo, Amneris acude con Ramfis al templo de Isis a implorar el favor de la diosa la noche antes de su boda. Poco después aparece cautelosamente Aida y, mientras espera que Radamés llegue a la última cita con ella, recuerda su patria lejana.

De improviso se presenta Amonasro que ha seguido a su hija e intuyendo la relación que existe entre los dos jóvenes, quiere utilizarla para sus planes. Le dice que puede librarse de la influencia de Amneris huyendo hacia su país con el amado pero antes es necesario que el pueblo etíope vuelva a tomar las armas. Con el fin de llevar ventaja en esa decisiva batalla, necesita saber que itinerario harían las tropas egipcias en caso de un nuevo ataque. Solicita de su hija que se lo sonsaque a Radamés. Para ello, primero utiliza halagos, luego amenazas, y finalmente insultos, dejando a Aida en un estado de postración.

Cuando Radamés aparece, reitera nuevamente su amor y dice que piensa obtener autorización del faraón para que puedan casarse, una vez que consiga la victoria frente a los etíopes, que han vuelto a declararse en guerra. Aida teme la reacción de su rival e indica que lo mejor es que huyan juntos. Aunque comienza resistiéndose ante la idea, Radamés finalmente consiente en la fuga.

Ella le interroga sobre la ruta que deberán seguir para no toparse con el ejército. El guerrero, poco consciente de que puede ser escuchado revelando un secreto militar, dice que ese camino es el desfiladero de Napata. Amonasro, que obviamente lo ha oído, sale rápidamente de donde estaba escondido y descubre su rango de rey etíope al aturdido Radamés. Aunque padre e hija intentan llevárselo de allí, el general está demasiado afectado por el peso de su involuntaria acción.

Amneris, que ha salido del templo con tiempo suficiente para escuchar la traición, le grita: "¡Traidor!". Amonasro intenta apuñalarla pero el joven guerrero se lo impide. Aida y su padre huyen. Radamés se entrega sin resistencia a Ramfis.

ACTO IV- Cuadro 1º: En una sala del palacio real, contigua a la del tribunal donde Radamés ha de ser juzgado, Amneris se pasea agitadísima intentando buscar una solución para salvar la vida del hombre que ama. Ordena que lo lleven ante ella y le pide se disculpe ante los sacerdotes. Pero él no quiere pedir perdón pues sabe que no le serviría de nada. La princesa dice que le salvará si renuncia para siempre a Aida.

Radamés rechaza de nuevo la oferta, acepta la muerte y se siente feliz al enterarse de que en la huída, su amada ha conseguido escapar y vive todavía, aunque su padre haya muerto. Los guardias se llevan al joven general, que ha rehusado todas las propuestas hechas por Amneris, dejando a ésta desesperada y atormentada por haberlo puesto en manos de los despiadados sacerdotes.

Se oye de fondo el juicio al que es sometido Radamés. El reo permanece silencioso a las preguntas que le hace Ramfis y es condenado a morir sepultado vivo bajo el altar del templo de Vulcano. Enloquecida de dolor, Amneris maldice a los sacerdotes.

ACTO IV- Cuadro 2º: Interior del templo de Vulcano. La escena está dividida en dos planos: arriba el templo y debajo la cripta. Radamés es introducido en la cripta y dos sacerdotes encajan la gran piedra que sella su entrada.

Nuestro joven guerrero ha quedado sepultado en vida y sólo lamenta no poder volver a ver a su amada. Bajo la luz incierta, aparece Aida que viene a morir con él: sabedora de la condena, penetró a hurtadillas en el recinto. Los dos jóvenes, al fin, podrán unirse en la muerte ya que en esta vida les fue imposible.

Se escuchan los cantos sagrados que vienen de lo alto del templo y la voz de Amneris que, desconsolada y vencida, pide paz para su amado, pero no sabe que él morirá abrazando a su rival.

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