miércoles, 22 de septiembre de 2010

Il Trovatore

ARGUMENTO
"Dramma" en cuatro partes con libreto de Salvatore Cammarano, completado por Leone Emmanuele Bardare, a partir del drama teatral “El Trovador”, estrenado en Madrid en 1836 y cuyo autor es Antonio García Gutiérrez. La ópera se estrenó en el Teatro Apollo de Roma el 19 de enero de 1853 bajo la dirección del primer violín Emilio Angelini.
La acción tiene lugar en España, entre Vizcaya y Aragón, al principio del siglo XV.

ACTO I - EL DUELO
Cuadro primero (Patio del palacio de la Aljaferia en Zaragoza)
Ferrando, capitán de la guardia del Conde, distrae a los soldados mientras esperan la llegada de su señor, contando los terribles acontecimientos vividos hace unos años en el lugar: el anterior Conde tuvo dos hijos. Recién nacido el segundo, una mañana se encontró cerca de su cuna a una vieja gitana hechicera que decía iba a predecirle el destino. La echaron de la estancia con amenazas, gritos y empujones. Desde entonces el niño enfermó de fiebres y la gitana fue buscada, apresada y condenada a morir en la hoguera por haber embrujado al bebé llamado García. Como venganza, la hija de la gitana se apoderó del niño y nunca se supo nada de él pero se encontraron unos huesos de infante en la hoguera. El viejo Conde murió poco después en la creencia de que su hijo estaba vivo por lo que ordenó que lo siguieran buscando.
Ferrando aprovecha para aterrorizar a los temerosos soldados diciéndoles que el fantasma de la vieja gitana se aparece a veces por el palacio adoptando la apariencia de distintas aves nocturnas.

Cuadro segundo (Jardines del palacio de la Aljaferia en Zaragoza)
Leonora, dama de compañía de la princesa de Aragón, se lamenta de que su amado trovador no haya echo su aparición todavía. Cuenta a su confidente Inés que le conoció en un torneo. No le volvió a ver hasta una noche en que oyó al pié de su balcón los acordes de un laúd y dulces canciones nocturnas de amor en las que se repetía su nombre. Inés le previene de los peligros de este delirio y le aconseja que lo olvide pero su apasionada amiga no le hace caso porque está perdidamente enamorada.
El Conde de Luna, amparado en la oscuridad, se ha acercado a las ventanas iluminadas de la estancia de Leonora y cuando va a entrar en el recinto, escucha unas notas de laúd y tras ellas el cálido canto del trovador. Engañada por la oscuridad, Leonora se arroja ansiosa en los brazos del Conde creyendo que se trata de su amado. Manrico los encuentra juntos y le reprocha la infidelidad a su adorada. Ella se da cuenta enseguida del error y el Conde pide a Manrico que se identifique descubriendo no sólo a su enemigo sentimental sino también a su rival político. Se enzarzan en un duelo aunque Leonora intenta separarlos.

ACTO II – LA GITANA
Cuadro primero (Campamento gitano en un monte de Vizcaya)
Manrico, recogido moribundo por su madre con graves heridas de guerra, ha sido llevado al campamento de los gitanos y allí ha logrado recuperarse. En su retiro, escucha los cánticos de la gente de la tribu mientras realizan diversos trabajos. La gitana Azucena permanece ensimismada y con la mente sumergida en lóbregos pensamientos. De repente, como movida por un resorte, Azucena evoca una extraña historia en la que se mezclan recuerdos y sensaciones de horror y muerte: es el funesto relato de una mujer conducida a la hoguera y allí quemada entre vejaciones de todos los presentes. Tras esta triste canción, los gitanos se marchan hacia los distintos pueblos vecinos para ejercer sus oficios.
Azucena y Manrico se quedan solos y éste solicita que complete la historia: Le narra que la mujer era su madre, quemada por orden del viejo Conde por supuesta brujería. Que ella seguía al fúnebre cortejo hacia el patíbulo con su hijo en brazos. Que presenció todo su tormento en la hoguera y pudo oír como le pedía venganza. Por eso consiguió raptar a García, hijo menor del Conde, casi recién nacido y que se deshacía en llanto. Después logró llegar al lugar de la ejecución cuando todos se habían retirado. La hoguera aún tenía rescoldos y con ellos hizo una nueva pira. Y entonces revivió en su cerebro los momentos pasados de visión horrenda, con gritos, llamas, verdugo, suplicio y gentes que reían y disfrutaban. Creyó oír por encima de todos las súplicas de su madre pidiéndole que la vengara. En su delirio y ofuscación, decidió arrojar al fuego a la criatura. Pasados los momentos de alucinación, se dio cuenta de que había entregado a la hoguera a su propio hijo, dejando ileso al bebé del Conde.
Manrico se queda sorprendido con esta revelación y le dice que entonces él no es su hijo. Azucena se retracta y finge que, en su precipitación, se lo ha explicado mal y trata de calmarle con evasivas. Afirma que siempre le demostró un cariño maternal y que fue ella quien le salvó de una muerte segura. Él parece tranquilizarse y le cuenta que en la batalla tuvo a su merced al Conde de Luna y que cuando iba a herirle, oyó como un mandato divino pidiéndole que no lo hiciera. Azucena se lamenta de que haya desperdiciado esa ocasión y le pide que si tiene otra oportunidad le “hunda esta daga hasta la empuñadura en su impío corazón” para así cumplir la venganza por su madre.
Llega un mensaje con la orden de que Manrico se disponga a defender el castillo de Castellor y también le informa de que Leonora, creyéndole muerto, está a punto de tomar los hábitos. Manrico parte de inmediato no haciendo caso a los ruegos de su madre que le suplica que no vaya.

Cuadro segundo (Exterior de un convento cerca de Castellor)
El Conde de Luna con sus secuaces está dispuesto a raptar a Leonora para impedir que ingrese en un convento. En la tensa calma de la espera, el noble da cuenta de su inflamada pasión por la joven. Llegan Leonora, Inés y un grupo de monjas. La piadosa comitiva es interrumpida por la presencia del Conde con sus hombres. De repente aparece Manrico enfrentándose con los suyos a las huestes del Conde. No llega a haber lucha pues es más numeroso el bando de Manrico con lo que consigue llevarse a Leonora.

ACTO III – EL HIJO DE LA GITANA
Cuadro primero (Campamento Conde de Luna frente a Castellor)
Ha comenzado el asedio al castillo y los soldados pasan el tiempo jugando a los dados mientras esperan entrar en batalla. Ferrando anima a las tropas a luchar y vencer. Todos cantan una ardorosa marcha guerrera con ansias de victoria. Llega el Conde y se enfurece pensando que Leonora está en el castillo. Como el asedio definitivo será al día siguiente, se consuela con la idea de que podrá separarlos pronto.
Aparece Ferrando diciendo que los soldados han encontrado vagando por los alrededores a una misteriosa gitana (es Azucena). Al ser preguntada por el Conde, responde que ha abandonado Vizcaya para buscar a su hijo. Ferrando, a través de sus respuestas, deduce que se trata de la gitana que echó a la hoguera al hermano pequeño del Conde. Cuando se ve perdida, Azucena implora de su hijo que venga a salvarla. Esto satisface al Conde pues a través de la madre, podrá conseguir también a Manrico y ordena que sea torturada.

Cuadro segundo (Sala de la fortaleza de Castellor)
Los dos enamorados se disponen a casarse a pesar de que es grande el peligro que corre el castillo. Extasiados con su felicidad, Manrico le hace a la joven una bella declaración de amor que es contestada al unísono después de unos breves sones del órgano de la capilla. De repente entra Ruiz anunciando que Azucena está en poder del Conde y va a ser quemada en la hoguera. Manrico confiesa a Leonora que Azucena es su madre, canta una marcial estrofa en la que promete “apagar el fuego de la hoguera con la sangre de sus enemigos” y parte rápidamente a rescatarla aunque en ello corra riesgo su propia vida, dejando a Leonora muy sorprendida.

ACTO IV – EL SUPLICIO
Cuadro primero (Baluartes palacio Alfajería en Zaragoza)
Castellor ha caído pero Ruiz ha logrado evadirse con Leonora. Manrico ha sido hecho prisionero y encerrado en lo alto de una torre. Leonora llega, conducida por Ruiz, al exterior de este torreón. Una vez sola, canta apasionadamente su amor. Se oyen voces internas de monjes que entonan un Miserere. A estas voces se une la de Manrico, desde la torre, lamentándose amargamente de su situación. Ante esto, Leonora toma la determinación de liberarlo diciendo: “Con el precio de mi vida, la tuya salvaré”.
Llega el Conde y en un monólogo, se jacta de que pronto serán ejecutados los dos reos en virtud del poder que le ha otorgado el rey. También se pregunta por donde andará Leonora. Aparece ésta suplicante y le implora el perdón para su amado. El corazón del despiadado Conde no se ablanda. Entonces ella cambia de estrategia y le propone entregarse a él a cambio de la libertad de Manrico a lo que el Conde, pidiéndole previamente que se lo jure, no tiene inconveniente en acceder. Conseguida esta promesa, Leonora bebe disimuladamente un veneno de efecto lento que lleva en un anillo y llena de gozo piensa que, mientras muere, podrá decir a su amado: “¡Te he salvado con mi vida!”.

Cuadro segundo (Calabozo en la torre del palacio)
Azucena dormita junto a Manrico que trata de confortarla. La gitana oscila en sus pensamientos entre la fatiga y el terror de morir en la hoguera como su madre. Manrico consigue calmarla y se queda transpuesta recordando las queridas montañas de Vizcaya.
Entra Leonora con una orden de libertad. Manrico no quiere oír hablar de ser libre si no es con ella y se indigna porque le parece intuir que Leonora ha obtenido ese perdón a cambio de venderse al Conde. Leonora se desespera al ver que su sacrificio ha sido en vano y que es maldecida por el hombre al que intenta salvar. Los efectos del veneno se hacen sentir y Manrico comprende que Leonora es inocente y que va a morir. Expira con estas palabras: “¡Antes de vivir siendo de otro, preferí morir siendo tuya!”.
Llega el Conde y viendo la estratagema preparada por Leonora, manda, furioso, que lleven inmediatamente a Manrico al suplicio. Éste apenas tiene tiempo para gritarle un adiós a su madre. Azucena se incorpora y, conducida a la ventana por el Conde, aguarda a ver caer la cabeza de Manrico para decirle con fiereza al Conde que ha matado a su hermano. Añade además que ya ha vengado a su madre y se desploma. El Conde se queda desesperado

No hay comentarios:

Publicar un comentario