ARGUMENTO
Melodrama en tres actos, que normalmente se representa en cuatro, con libreto de Francesco Maria Piave a partir del drama “La dama aux camelias- La dama de las camelias” de Alejandro Dumas hijo, estrenado el 2 de febrero de 1852 en el Théatre du Vaudeville de París y extraído de su propia novela homónima publicada en 1848.
La acción tiene lugar en París a mediados del XIX (aunque en el estreno se retrasó casi dos siglos). El primer acto sucede en agosto, el segundo en enero y el tercero en febrero.
ACTO I.- En la lujosa mansión de Violetta, se celebra una gran fiesta a la que asisten su amante (Douphol), el de Flora (d’Obigny) y otros amigos. Entra Gastón con Alfredo, que es presentado a la dueña de la casa como alguien que la admira desde hace mucho tiempo. Ella se muestra conmovida por el sincero afecto del joven. Hay un brindis y después se dirigen todos a la sala de baile.
La cortesana, enferma de tisis, sufre un ataque de tos. Pide a los presentes que vayan a bailar y no se preocupen. Cuando se mira en un espejo y ve la palidez de su rostro, se da cuenta de que uno de los invitados ha permanecido junto a ella. Es Alfredo, que confiesa amarla desde hace más de un año. Reacciona con frivolidad a esta pasión ingenua y sincera, pero en su interior se siente afectada. Gastón llama a Violetta desde el salón contiguo y ella se despide tiernamente de Alfredo pidiéndole que se reúna con ella cuando se marchite la flor que le ha regalado.
Regresan los invitados y se disponen a marcharse. Una vez sola, Violetta piensa en Alfredo. Parece vislumbrar un nuevo horizonte en lo que éste le ofrece. Pero finalmente - como no está segura de que ese tipo de amor sea posible para ella - se quiere convencer de que no puede aspirar más que a una vida social dominada por el placer.
ACTO II- Cuadro 1: Salón de una casa de campo en las afueras de París. Alfredo y Violetta se han instalado en la campiña. Él está feliz con su nueva existencia. Entra la sirvienta Annina que ha regresado de la ciudad después de vender, por encargo de su señora, todas las pertenencias, para pagar las deudas de la idílica vida que llevan los dos amantes. Alfredo, avergonzado, sale inmediatamente hacia la capital con el propósito de resolver la situación económica que él desconocía.
Violetta ha recibido una carta de su amiga Flora invitándola a un baile que se celebrará esa misma noche pero al que no piensa acudir. Llega el padre de Alfredo intentando acabar con la relación que mantienen, pues cree que ella está arruinando a su hijo. Descubre, por el contrario, que es Violetta la que está vendiendo todo lo que posee para mantener a los dos. La elegancia, los modales y la sinceridad que trasmite la joven, impresionan al padre, quien se da cuenta de la nobleza de sus sentimientos.
Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Giorgio Germont pues su otra hija va a casarse y no quiere que esté emparentada con una antigua meretriz. Pide a Violetta que, por el bien de sus allegados, renuncie a Alfredo y lo abandone. Ella, al principio, se niega a romper con su amado, pero, finalmente, llena de tristeza, consiente en ello, pidiendo que diga a la hermana de Alfredo que se ha tenido que sacrificar por su felicidad. Germont, cada vez más conmovido por la generosidad de su espíritu, la abraza como lo haría un padre
La joven escribe una nota a Flora confirmando su asistencia a la fiesta de esa noche y llama a Annina para que la haga seguir. Después redacta un escrito a su galán comunicándole que le abandona. Aparece Alfredo y apresuradamente y con excusas, se despide de él, dejándole sólo en escena. Al poco, llega un mensajero que le hace entrega de la carta que Violetta le escribió. Lleno de angustia, ve entrar a su padre que intenta consolarlo recordándole que retorne al seno familiar. Pero Alfredo, al ver la carta de Flora, sospecha que Violetta se ha marchado con Douphol, su antiguo amante, y decide ir a la fiesta para encontrarla allí.
ACTO II- Cuadro 2 (o Acto III): En el salón de la casa de Flora, la fiesta de máscaras está en pleno apogeo. Para amenizar a los invitados, unos toreros llegados de Madrid y unas gitanas que dicen la buenaventura, interpretan un ballet. Entra Alfredo uniéndose a un grupo de jugadores de cartas. Aparece Violetta del brazo del barón Douphol que se incorpora de inmediato al juego. Alfredo está ganando todas las partidas y esto irrita a Douphol. Ante el anuncio de que la cena está servida, tienen que posponer la revancha.
Violetta, a solas con Alfredo, le pide que la deje por su propia conveniencia. Esto hace aumentar su furia que alcanza el punto culminante cuando ella le dice (ocultándole la verdad de lo ocurrido) que ama al barón. Alfredo llama a los invitados, insulta a Violetta y les hace testigos de que ha pagado totalmente su deuda con ella, lanzándole a la cara unos billetes de dinero. Mientras todos los invitados se muestran indignados por la conducta de Alfredo, entra Giorgio Germont y también descalifica la acción de su hijo. El barón reta en duelo a Alfredo. En el coro final se oye a la desdichada Violetta pidiendo que algún día, él se de cuenta de su sacrificio.
ACTO III- (o Acto IV): Violetta reposa en su habitación pues se encuentra gravemente enferma. Es atendida por Annina y apenas tiene dinero para sobrevivir. Muy de mañana, recibe la visita del médico que tranquiliza a la enferma pero confiesa a su acompañante que le quedan muy pocas horas de vida. Se marcha la sirvienta y Violetta relee nuevamente la carta que ha recibido del padre de Alfredo en la que dice que ha revelado a su hijo el sacrificio que realizó y que éste se ha puesto en camino para pedirle perdón. Ella lamenta que por su estado de salud, sea demasiado tarde y recuerda los bellos momentos del pasado. Por la ventana se oye el bullicio del carnaval, que se celebra en la calle.
Vuelve Annina anunciando la presencia de Alfredo. Los enamorados se funden en un abrazo en el que todas las pasadas amarguras se han olvidado, prometiéndose no separarse nunca. Alfredo dice a Violetta que la llevará fuera de París y que allí se curará. Pero después de estos momentos de intensa alegría, la enferma se siente mal, dándose cuenta de que su muerte está muy próxima pues ni siquiera la visita del amado la ha conseguido mejorar.
Entra en escena el padre de Alfredo anunciando que viene a abrazarla como a una hija. Violetta entrega a su joven enamorado un medallón con la esfinge de sus buenos tiempos, diciéndole que cuando se case, se lo dé a la mujer con la que se una en matrimonio pues es “un regalo de quien en el cielo, entre ángeles, reza por ella y por ti”. Todos han podido oír estas conmovedoras palabras. Annina llega con el médico. Súbitamente cesa la agitación de la enferma en la mejoría de la muerte. Se desploma en el suelo: es el final de la vida de Violetta.
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